En materia de salud, no todos somos iguales. Da un paseo por el bosque un día de lluvia: uno se resfriará mientras que otro se mantendrá en forma, algunos contraen la gripe mientras que otros, expuestos de la misma manera, la evitan cada año. ¿Entonces, qué marca la diferencia? Nuestro terreno. Aquí en este artículo, las diferentes maneras de estar atento a nuestro cuerpo, de tomar conciencia de los mensajes que nos envía para sentirse bien físicamente, pero también en cuanto a nuestros comportamientos y nuestro estado emocional.
Zoom histórico:
En el siglo XX, Béchamp y Pasteur se enfrentaron para defender sus teorías sobre las bacterias ante los círculos científicos de la época. Pasteur afirmaba que toda enfermedad infecciosa proviene del exterior del organismo, mientras que su contemporáneo Béchamp veía en la enfermedad un origen interno. En resumen, Pasteur no otorgaba entonces ningún crédito a la importancia fundamental de la buena salud de un organismo como elemento esencial de resistencia a la enfermedad.
La noción de terreno
Pregunta a un agricultor qué es un buen campo: te hablará de un suelo fértil, rico en microorganismos, agua y oligoelementos, que permite que sus cultivos se desarrollen de la mejor manera. No hay buena producción sin buena tierra.
Pues lo mismo ocurre con nosotros, comprender nuestro terreno es estar atentos a nuestro cuerpo y su funcionamiento para anticipar desviaciones planificando un plan de acción adaptado y personalizado.
¿Buena o mala disposición?
Cada uno dispone de un terreno ideal o desfavorable. Si nuestra composición ideal se altera - una mala higiene alimentaria, estrés, emociones mal gestionadas, fatiga instalada - nuestra vitalidad se ve afectada, nuestro sistema inmunitario se debilita y nuestra salud queda entonces en juego.
Nuestro terreno está determinado por:
Nuestra herencia. Lo que en naturopatía llamamos nuestra constitución. Es lo que nuestros padres nos legaron al nacer, el equipaje con el que llegamos.
Nuestro temperamento. Según Hipócrates, existen cuatro: sanguíneo, linfático, biliar y nervioso. Determina nuestras fortalezas y debilidades. Algunos factores lo influyen: nuestro entorno, nuestro comportamiento, nuestras creencias... ¡Todo depende en qué ambiente quieras sumergirte!
La toxemia. Es la contaminación de los líquidos de nuestro cuerpo: sangre, linfa, suero. Es el resultado de los desechos que nuestro cuerpo produce (derivados de la digestión y el funcionamiento de nuestras células) y de los que le aportamos (mala alimentación, contaminación, medicamentos en exceso).
¿Entonces todos condenados?
¡Por suerte no! ¡No es porque heredes el terreno alérgico de papá o mamá que tu destino está sellado!
Es un poco como la gestión de una cuenta bancaria:
- Tienes una gran inversión inicial pero quemas la vela por ambos extremos -> espera un contragolpe.
- Tienes algunos ahorros que gestionas hábilmente -> ¡bingo!
Aquí es donde entra en escena el punto de vista naturopático:
Primera hipótesis, "atrapas" un resfriado, una angina, una gastroenteritis... El culpable es un microbio, un virus externo. En ese instante T, abres el botiquín para tomar un producto que atacará directamente al agente patógeno. Desaparición del síntoma = curación. Ahora supongamos que cambias de punto de vista. Considerando como Béchamp que se instala un desequilibrio de forma brusca o progresiva en un organismo debilitado por un estilo de vida inadecuado (alimentación, emociones, pensamientos). ¿Qué harías? ¡Refuerzas las murallas, verificas los cimientos de tu fortaleza!
Cultivemos nuestro jardín
Es urgente repensar la salud de manera global (cuerpo-mente) y coherente.
- PREVENIR EN LUGAR DE CURAR. Porque es más fácil preparar la guerra para tener la paz, conviértete en un actor informado de tu salud. Prepara el terreno con la ayuda de un educador en salud para activar, nutrir y fortalecer tus mecanismos naturales.
- ESCUCHA A TU CUERPO. Recibe las señales que te envía tu cuerpo para entender su funcionamiento, identifica las fortalezas y debilidades de tu organismo para optimizar tu salud.
- QUE TU ALIMENTO SEA TU MEDICAMENTO. ¿No pondrías diésel en tu coche que funciona con gasolina? Elige una alimentación sana, natural y adaptada a tu fisiología.
- MANTÉN PURO EL HOGAR DE TUS PENSAMIENTOS. «No se puede impedir la tormenta pero se puede aprender a surfear las olas»: adoptar una higiene emocional cobra todo su sentido cuando sabemos que el cerebro y la inmunidad están íntimamente ligados. Aprende a gestionar armoniosamente tus emociones y pensamientos, las prácticas no faltan: sofrología, yoga, meditación, relajación...
- ¡MUÉVETE, ELIMINA! Para activar las puertas de salida naturales de tu cuerpo (emunctores) para eliminar las sobrecargas, para oxigenarte y para despejar la mente.
- ¡OK, PERO ES COMPLICADO! Deseas adoptar una mejor higiene de vida global pero cambiar no siempre es fácil. No sabemos por dónde empezar, necesitamos ánimo, apoyo, motivación pero primero explicaciones. No dudes en informarte con un naturópata* por ejemplo para consejos adaptados y personalizados, no olvides que eres único.
Para sensaciones de bienestar diario, también hay que tener en cuenta que nuestra envoltura material está constituida por tres cuerpos: físico, emocional y mental, y escuchar las necesidades del cuerpo es darle a nuestros tres cuerpos lo que necesitan en cada momento. No pueden separarse y si uno de ellos carece, los otros dos se ven automáticamente afectados.
De hecho, las señales más comunes que podemos encontrar en el plano físico son: pérdida de energía, malestar o enfermedad, dolores, pérdida o ganancia rápida de peso, caída repentina del cabello, de la fuerza muscular, etc. En los planos emocional y mental, estas señales se manifiestan a través de un malestar interior causado, por ejemplo, por el miedo, la culpa, la duda, la falta de confianza en uno mismo. Aquí están los consejos a aplicar para enriquecer de la mejor manera estos tres cuerpos.
Cuerpo físico:
- Tomar conciencia de la respiración a nivel del abdomen inspirando y expirando la mayor cantidad de aire puro posible;
- Beber mucha agua, 2 litros al día;
- Hacer ejercicios o una actividad física para desarrollar los músculos y realizar estiramientos para evitar lesiones;
- Tomarse el tiempo para descansar y dormir cuando el cuerpo lo necesita;
- Mantener una buena postura, con la espalda y los hombros rectos para evitar el dolor y las tensiones.
Cuerpo emocional:
- Tener metas a corto, medio y largo plazo;
- Sentir placer y orgullo al alcanzar sus objetivos;
- Ver la belleza en las personas y en lo que nos rodea en lugar de criticar;
- Tener confianza en uno mismo, en sus capacidades, sus fuerzas en lugar de menospreciarse;
- Estar agradecido por nuestro día, semana y año;
- Poner todo el corazón en el trabajo durante una realización, una elección, etc.;
- Saber divertirse, ser alegre y feliz a diario;
- Ser lo más positivo posible a lo largo del día mirando el lado bueno de las cosas.
Cuerpo mental:
- Atreverse a ser uno mismo respetando lo que queremos ser;
- Ser verdadero con uno mismo y con los demás;
- Soltar las emociones y las sensaciones corporales. A veces es importante soltar el control;
- Saber que siempre hay una o varias soluciones para todo problema, lo que permite ir hacia una solución en lugar de dejarse influenciar por nuestros miedos;
- Hacer ejercicios de desarrollo personal
- Vivir el momento presente en lugar de lamentar el pasado y preocuparse por el futuro.
Dejo la última palabra a Pasteur, quien habría dicho antes de morir: «Béchamp tenía razón, el microbio no es nada, ¡el terreno es todo!».