El índice glucémico (IG) mide la velocidad a la que se absorben los azúcares, o carbohidratos, contenidos en los alimentos. Un índice glucémico alto significa que la ingestión del alimento provoca un pico de azúcar en la sangre justo después de haberlo consumido, y a la inversa, un índice glucémico bajo implica una absorción lenta y progresiva de los carbohidratos. Los estudios demuestran hoy en día que una alimentación sana debería ser una alimentación con IG bajo. Aquí están las principales explicaciones:
A corto plazo: permite estabilizar nuestros niveles de energía
El nivel de glucosa (o azúcar) en la sangre debe mantenerse siempre constante. Cuando lo elevamos de forma excesiva con la ingestión de alimentos con IG alto, el organismo reacciona secretando mucha insulina, una hormona que hace entrar el exceso de azúcar en nuestras células para que produzcan energía, y que por lo tanto lo hace bajar de forma brusca en la sangre. Sigue una “hipoglucemia reactiva”, el famoso bajón después de la comida: fuerte sensación de fatiga, disminución del tono, falta de concentración, estrés y ansiedad, y... ganas de dulce. El azúcar llama al azúcar, ¡así que cuidado con el círculo vicioso!
A medio plazo: limita el aumento de peso
Si esta energía generada por la ingesta de carbohidratos no se utiliza de forma inmediata, el cuerpo secretará una hormona, la insulina, que almacenará el exceso de azúcar para necesidades futuras, primero en el hígado, luego en los músculos (¡siempre que haya suficiente masa muscular!) y finalmente, en forma de grasas. Ya lo habrás entendido, un consumo demasiado grande y demasiado regular de alimentos con IG alto favorece el aumento de peso.
A largo plazo: reduce los riesgos de diabetes y enfermedades cardiovasculares
La ingestión regular y repetida de alimentos con IG alto obliga a nuestros páncreas a producir insulina masivamente. Poco a poco, puede agotarse, conduciendo así al desarrollo de patologías como la diabetes tipo 2, y al aumento de los riesgos cardiovasculares y enfermedades inflamatorias crónicas.
En la práctica:
Evita los productos ultraprocesados que contienen demasiados azúcares rápidos ocultos, consume cereales y harinas integrales y asegúrate de tener siempre una aportación de fibras, proteínas de calidad y grasas buenas en tu plato. Todas ellas ralentizan la velocidad de absorción del azúcar, y por lo tanto bajan el IG de tu comida.
Sources : Le nouveau Régime IG, Angélique Houlbert et Elvire Nérin