¿Son realmente necesarios los complementos alimenticios si mi alimentación es sana y variada? Tiene todo el derecho a plantearse esta pregunta, ya que, en efecto, una alimentación equilibrada es la base de una buena salud y no puede ser igualada en ningún caso por los complementos alimenticios. En principio, debería cubrir por sí sola nuestras necesidades. Sin embargo, la realidad es muy distinta: debido a nuestras elecciones alimentarias, al estrés o incluso a la agricultura intensiva, es muy difícil aportar al organismo todos los nutrientes esenciales que necesita y cubrir las ingestas diarias recomendadas. Además, varios estudios han demostrado que la mayoría de los franceses presenta realmente déficits de vitaminas y minerales.
El objetivo de una suplementación no es en ningún caso sustituir una alimentación sana ni curar una enfermedad, sino cuidar la salud cubriendo una posible carencia mediante el aporte de vitaminas, minerales, oligoelementos o plantas. La toma de complementos alimenticios debe considerarse una ayuda para completar la alimentación, prevenir el riesgo de carencias o responder a problemas o molestias específicos, como trastornos digestivos, estrés, fatiga, problemas cutáneos o articulares. En ocasiones pueden ser útiles para prevenir ciertas enfermedades, como demuestran diversos estudios.
Los complementos alimenticios pueden ser aún más importantes en determinadas etapas de la vida (crecimiento, embarazo, menopausia, envejecimiento), así como en algunas dietas específicas (vegetarianas, veganas, para personas intolerantes a la lactosa, etc.). Evidentemente, en estos casos concretos, se recomienda encarecidamente consultar al médico de cabecera o al farmacéutico.
Sea cual sea su estado fisiológico o su dieta, es importante respetar las dosis recomendadas para evitar cualquier riesgo de sobredosis. Lo ideal es utilizar los complementos alimenticios durante varios meses para maximizar sus beneficios, pero también de forma puntual, para evitar que el organismo se acostumbre a ellos.
Descubra en este artículo, redactado por nuestros expertos, por qué una suplementación puede resultar necesaria en ocasiones.
Los suelos se han empobrecido en vitaminas y minerales
Aunque cada vez son más los franceses que optan por una alimentación más variada y por elecciones más saludables, la alimentación actual contiene menos vitaminas y minerales que antes. En efecto, la riqueza en micronutrientes de los alimentos que consumimos depende directamente de la calidad de los suelos en los que se cultivan. Debido a la agricultura intensiva, los suelos se han empobrecido poco a poco y la concentración de micronutrientes de frutas, verduras y cereales ha disminuido considerablemente. Los agricultores han duplicado e incluso triplicado su rendimiento basándose principalmente en sustancias nocivas (fertilizantes y pesticidas) y en la mecanización. Por desgracia, apostar por una agricultura moderna de alto rendimiento ha provocado progresivamente una disminución de la calidad nutricional de nuestros alimentos. Una misma porción de tomate, patata o maíz aporta muchos menos nutrientes esenciales que antes. En particular, se observa una disminución considerable del hierro, el zinc, el calcio, el selenio y la vitamina C en numerosos alimentos comunes. Por ejemplo, el refinado de los cereales puede privarlos del 80 % de su magnesio. Unos estudios realizados en 2004 en Estados Unidos sobre 43 frutas y verduras indican que las concentraciones de nutrientes habían disminuido: un 20 % en el caso de la vitamina C, un 15 % en el del hierro, un 16 % en el del calcio y un 6 % en el de las proteínas. Por eso, comer de forma sana y equilibrada no aporta automáticamente las cantidades de nutrientes recomendadas y es compatible con una suplementación.
La transformación de los alimentos afecta a su calidad nutricional
Los numerosos cambios de nuestro entorno económico, social y cultural han afectado a nuestros hábitos alimentarios y a nuestra salud. Antes, los franceses comían mejor porque tenían más tiempo para dedicar a la cocina. Sabían lo que comían, ya que preparaban platos caseros a partir de frutas y verduras ricas en nutrientes. Los procesos de producción alimentaria se industrializaron rápidamente y el uso de conservantes y aditivos se generalizó. El consumo de productos procesados aumentó considerablemente, en detrimento de los productos frescos. Además de tener buen sabor y una mayor duración, estos productos permiten ahorrar mucho tiempo. Así, en un entorno en el que la practicidad y la rapidez se han convertido en criterios esenciales, el consumo de platos preparados y congelados se ha vuelto habitual, y las verduras se cortan y envasan previamente para ahorrar tiempo durante la preparación de las comidas. Estos nuevos procesos de fabricación recurren a tratamientos térmicos, físicos y químicos (temperatura, hermeticidad y opacidad del envase, …) que pueden afectar directamente al valor nutricional de los alimentos. En efecto, pueden desnaturalizar rápidamente los productos alimentarios al reducir su riqueza en micronutrientes (vitaminas, sales minerales y oligoelementos). En particular, la cocción puede degradar el contenido vitamínico de los alimentos. Por ejemplo, 2 minutos de cocción destruyen el 80 % de la vitamina B9 (vitamina indispensable para la producción de nuestro ADN).
Los estilos de vida cambian y provocan carencias
El CREDOC, que realiza periódicamente estudios sobre el comportamiento alimentario de los franceses, estima que menos del 5 % de ellos se alimenta de forma realmente equilibrada y respeta las ingestas nutricionales recomendadas. En efecto, se observa una abundancia de carbohidratos refinados y ácidos grasos saturados en su alimentación, así como una insuficiencia de vitaminas, minerales y aminoácidos relacionada con un bajo consumo de frutas y verduras.
Las carencias de magnesio, selenio, vitaminas C, D, B9 y B12, así como de omega-3, preocupan al mundo médico. Un estudio realizado por el Instituto de Vigilancia Sanitaria (InVS) reveló que cerca del 80 % de la población francesa sufriría una carencia de vitamina D, esencial para nuestro organismo, ya que refuerza la inmunidad y preserva la salud ósea. Esta vitamina puede obtenerse mediante la alimentación y sintetizarse gracias a la acción del sol sobre la piel. Por desgracia, el aumento del sedentarismo, debido en parte a la urbanización, la falta de ejercicio, el teletrabajo y el uso creciente de pantallas afectan a la secreción de vitamina D. A esto se suma que resulta difícil obtener suficiente a través de nuestra alimentación. La carencia de hierro también es muy importante: entre el 20 % y el 25 % de la población mundial se vería afectada por esta carencia, denominada anemia ferropénica. Por su parte, la carencia de magnesio afecta a dos tercios de la población europea.
El estrés está en todas partes
Nuestra sociedad moderna se orienta cada vez más hacia el culto al rendimiento y la perfección. Aunque esto puede percibirse como una forma de estimularse, también es una de las razones por las que el estrés está presente en todas partes. A menudo subestimado, es un fenómeno social que afecta a todo el mundo y merece nuestra atención. Las manifestaciones del estrés son omnipresentes: sobrecarga de trabajo, problemas de salud, económicos, familiares o profesionales. Sus consecuencias para la salud son numerosas. Este estrés, que aumenta vertiginosamente, consume una gran cantidad de nutrientes y puede favorecer la aparición de patologías o molestias que, a su vez, generan estrés (¡un verdadero círculo vicioso!). Por ejemplo, el estrés aumenta la eliminación urinaria de magnesio. Así, cuanto más tiempo dura, mayor es el déficit y más aumentan la fatiga y, por tanto, la sensibilidad al estrés. El estrés crónico también puede afectar a la digestión y, en ese caso, la absorción y asimilación de nutrientes no se realiza de forma óptima. Mantener un buen equilibrio entre la vida laboral y personal es un auténtico desafío. En caso de estrés físico y psicológico, nuestro organismo necesita más nutrientes esenciales para funcionar correctamente. Los complementos alimenticios adecuados pueden aportar los micronutrientes necesarios al organismo, ayudando a reducir el riesgo de carencias y los síntomas relacionados con el estrés.
El organismo está expuesto a un estrés oxidativo cada vez mayor
El entorno en el que vivimos puede provocar en ocasiones una elevada producción de radicales libres y generar estrés oxidativo. Cuando los radicales libres se producen en cantidades excesivas, se acumulan en nuestro organismo y se vuelven perjudiciales para la salud. Aceleran el envejecimiento del organismo y pueden estar en el origen de ciertas enfermedades degenerativas o crónicas. Aunque normalmente la alimentación debería bastar para combatir el estrés oxidativo, el auge del tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y cafeína, la exposición a los rayos UV y a la contaminación, el deporte intenso o una mala higiene de vida requieren un consumo mayor de antioxidantes. El papel de los antioxidantes en la salud humana se ha demostrado en varias ocasiones. Un estudio realizado en Francia con 13 017 personas durante 8 años demostró, en particular, una reducción del 31 % de los casos de cáncer entre los hombres que recibieron dosis nutricionales de antioxidantes. Por tanto, la toma de complementos alimenticios (ricos en vitaminas C y E, polifenoles, betacaroteno, …) puede ser necesaria para reforzar nuestras defensas naturales, recuperar un aporte suficiente de antioxidantes y evitar así cualquier desequilibrio.
Un deseo de bienestar cada vez mayor
Los complementos alimenticios no solo compensan nuestras carencias alimentarias, sino que también ayudan a cuidar nuestra salud y bienestar. Están destinados a todas aquellas personas que, por motivos relacionados con los estilos de vida actuales, desean responder de forma natural a problemas específicos: facilitar la digestión, reducir los problemas de sueño y ansiedad, reforzar las defensas inmunitarias, preparar la piel para el sol, tratar los problemas cutáneos, reducir los dolores articulares, etc. En general, las plantas, al igual que las vitaminas y los minerales, contribuyen al bienestar y a mejorar nuestra salud, reequilibrando nuestro organismo de forma natural. En realidad, estos complementos forman parte de un enfoque moderno de la naturopatía y se desarrollan con el objetivo de aliviar numerosas dolencias.
Hoy en día, los complementos alimenticios pueden resultar necesarios. El uso de las plantas con fines relacionados con la salud se conoce desde la Antigüedad. Si aún tiene dudas, puede consultar los estudios publicados durante los últimos treinta años sobre la eficacia de los complementos alimenticios en revistas médicas reconocidas. Además, debe saber que están sujetos a un marco normativo que garantiza la protección del consumidor. La DGCCRF realiza controles periódicos, antes y después de su comercialización.
Por último, los complementos alimenticios no deben sustituir, evidentemente, una alimentación variada y equilibrada, sino complementarla. Es importante elegirlos en función de las propias necesidades. Para saber qué elegir, lo mejor es evitar la automedicación y acudir a un profesional sanitario que pueda orientarle, especialmente en el caso de mujeres embarazadas o en período de lactancia, niños y personas que sigan un tratamiento médico. Para controlar las dosis y las ingestas diarias, consulte la etiqueta del producto, que debe incluir ciertas indicaciones, como la cantidad de principios activos, la posología, la duración del uso, una mención sobre las contraindicaciones, etc.
Para obtener más información sobre su tratamiento, hemos redactado una guía con las 10 preguntas que podría plantearse sobre su tratamiento, así como consejos para saber cómo seguir su tratamiento.
Estos consejos están destinados a mejorar su día a día y no sustituyen en ningún caso el seguimiento médico ni una consulta con su naturópata. Estas sugerencias no deben incitar nunca al lector a reducir o suspender un tratamiento médico en curso.